Trilogía: “Escribir para no morir, con el cuerpo atento y el alma en vilo”, por Daniela Ferrari

CASANIMAL

Visión artística

“La vida empieza bien, empieza encerrada, protegida, toda tibia en el regazo de una casa…”

“La casa, como el fuego, como el agua, nos permitirá evocar fulgores de ensoñación que iluminan la síntesis de lo inmemorial y del recuerdo”

Gastón Bachelard, “La poética del Espacio”

La obra “Casanimal” parte de la dupla Madre – Hija, completando una trilogía que comenzó con “Sobre un barco de papel” y siguió con “Humo de agua”, En las tres obras el espacio juega un papel fundamental, casi fundante, en íntima relación con los personajes.

Si consideramos a la escenografía como el modo de significar la “función de habitar”, señalando al ser humano en su misión de habitante de un mundo, de “morador”, y si para ello tomamos el esquema que Gastón Breyer propone como alternativas del espacio-sitio de la morada (partiendo de la morada como el lugar de las costumbres), tenemos cuatro posibilidades de ser:

madriguera

Ateniéndonos a estas posibilidades, “Sobre un barco de papel” fue concebida sobre el laberinto, “Humo de agua” sobre la orilla del mar, y “Casanimal” sobre la madriguera.

En “Casanimal” la casa se constituye como un personaje más. Es el animal que las contiene y las devora. Presente a través del sonido y del movimiento.

El sonido a través de una banda sonora casi permanente que sugiere sutilmente una presencia más que la de los dos personajes. El movimiento, a través de los desplazamientos de los personajes por ese entramado de paredes cuasi-orgánicas.

Cuando concibo la puesta, considero que debe predominar una gran austeridad. Lo importante son estas paredes que devoran, atrapan y expulsan. Es un tejido. Un tejido que se sigue construyendo con las acciones de la madre. La luz está pensada también desde esta concepción orgánica, acentuando la importancia del espacio, y los contrastes emocionales a través de claroscuros.

Los objetos, mínimos: Dos sillas, un televisor sobre una mesa con rueditas, una plancha y otros utensilios: fuentón, tabla de madera, de tamaños reales, y por otro lado: una silla pequeña, una cocinita y aparador de juguetes, un jueguito de té, que hacen referencia a un “estado de infancia”. Todos éstos ambientados en la década del ´70, que es la época del recuerdo que se reconstruye.

“Cuando una imagen familiar crece hasta las dimensiones del cielo, nos llega de súbito el sentimiento de que, correlativamente, los objetos familiares se convierten en las miniaturas de un mundo”

Gastón Bachelard, “La poética del Espacio”

Construida sobre recuerdos y sueños la obra requiere de una actuación minimalista, de variaciones de “estados”, pero sin responder necesariamente a un planteo realista. Como el espacio, los personajes se ven teñidos de un “barniz” de extrañamiento, que ubica a la obra en un lugar de ensoñación.

María Rosa Pfeiffer

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